Saltar al contenido
Un viaje de separación
Reseña

Un viaje de separación

En el marco del club de lectura que organizamos desde Fluir de mí, leímos La separación de Martín Kohan, una novela que se publicó este año en el mes de marzo.

La novela propone una idea simple. Fernando es un abogado que se toma un micro en Retiro hasta La Paz, Córdoba para visitar a su hermano que está atravesando una separación. A partir de esa premisa, en principio sencilla, vamos a ir desenvolviendo junto con el personaje lo que implica una separación: un alejamiento físico, la rutina, el amor a primera vista, cómo se sostienen los vínculos familiares y de pareja, y lo más importante, cómo este viaje resulta, aunque él no lo sepa del todo, casi una epifanía. Asistiremos a uno de esos casos donde como lectores sabremos más lo que pasa que el propio protagonista.

De esta manera el relato nos va a estar hablando de una separación sí, pero también de un viaje. Un viaje que es explícito y a la vez es un viaje de transformación, porque Fernando se va a ir pero no va a volver.

La novela está estructurada en tres partes, cada una de ellas es una etapa del viaje de Fernando y además se narra en su consecuente persona gramatical; la primera está narrada en primera persona, la segunda en segunda y la tercera en tercera. Esta elección tiene que ver con la transformación del personaje pues produce cada parte de la novela un efecto de lectura al que debemos entender como una pista de su recorrido.

Lo primero que vamos a notar es que la relación de Fernando con “N” no pareciera, al menos en esas primeras escenas, estar en su mejor momento; ella afuera y él adentro, ella en el frío y él en el calor: “entre el micro y la realidad se escindieron de inmediato dos mundos distintos, opuestos”. Durante esa primera parte tenemos al Fernando dudoso, neurótico, atento al celular, inquieto por su relación con “N” al punto de que no puede ser nombrada. Él no sabe qué le pasa a ella y sospecha que está deseando ese alejamiento para tomar una decisión, una sospecha que se confirma cuando tenemos acceso a los mensajes que ella le envía. “(…) el mensaje de N diciendo que para pensar en nosotros. Que esto, es decir, este viaje y, más ampliamente, estos días sin vernos, nos iban a venir bien para pensar en nosotros”.

El mundo interno de Fernando estará atravesado hasta aquí por la pregunta como clave. Mientras, la narración adquiere la forma de un sentimiento. Un sentimiento de ruta, de micro, de pueblo. Porque si hay algo que logra este relato es esa identificación que genera con la parte más literal del viaje y la belleza con la que construye el tiempo adentro del micro, la nocturnidad, el silencio, la soledad de los pueblos.

El primer cambio en el personaje sucede en la parada de San Antonio de Areco. Allí aparece la primera referencia a los gauchos, material para un futuro análisis. Lo importante es que aquí se sucede el cambio de atención. Nuestro personaje y su foco estará de ahora en más dirigido a su acompañante: la chica de Areco. Sutil se construye esta tensión donde Fernando se hará nuevas preguntas en relación con esta chica, los pensamientos aparecen con pretensión de objetividad, descriptivos. Ella aparece en el mundo del personaje como silenciosa, pacífica, una visión de calma y a la vez algo misteriosa. La comida que comparten juntos en Venado Tuerto termina con un gesto ambiguo de acercamiento, de intimidad. Ella le saca a él una miga de pan de la comisura de la boca.

La chica de Areco en lo que queda del viaje va a regresar a su mundo de libro, a su mundo interno y aunque no volverá a interactuar con nuestro protagonista sí aparece en la segunda parte a ocupar sus pensamientos.

El micro llega a La Paz y comienza la segunda gran etapa de este recorrido. Fernando, ya con el mensaje de confirmación de que su pareja lo extraña, comenzará a nombrarla: Natalia. Hay una suerte de afirmación de vínculo entre ellos. Incluso la promesa de un viaje juntos, la idea de estar saliendo de un bache.

Esta parte está escrita en segunda persona y en futuro (“vas a abrazar a tu hermano…”). Muestra al personaje como adelantado, con una sensación de estar desdoblado. Tiene algo incluso de profético, enunciar esas acciones como inevitables. Y así la angustia de su hermano se revela incómoda, extraña, mientras que él pone el cuerpo, acompaña. Tal vez haya algo ahí de un modo de vincularse entre varones heterosexuales, en segunda persona. Así como también esa segunda persona es la que genera una sensación de pasar por sobre los acontecimientos casi observándolos desde arriba. Durante su estadía en La Paz, Fernando pasará parte de su tiempo pensando en la chica que conoció en el micro, la buscará, alucinará con verla. Y aunque no accedamos nosotros a una racionalización de estos pensamientos, están ahí para el personaje.

Te vas a preguntar, mientras tu hermano te proponga entrar a un bar a tomar algo, cómo es que cada una de esas chicas te parecieron la chica de Areco

— Martín Kohan, La separación

El tiempo que pasa con su hermano en Córdoba es clave para entender aspectos de la personalidad de Fernando. Aparece la evocación de la madre para hablar de una infancia compartida, el compromiso político como un rasgo que los diferencia. La angustia del hermano y la charla con Rosario, la ex, son finalmente elementos que ponen sobre la mesa otra vez nuevas preguntas para el protagonista. En qué momento dejamos de querer:

Un día, un día común, un día igual que cualquier otro, estábamos los dos ahí en la casa. Lo miré, me lo quedé mirando, y sé bien lo que sentí: sentí que ya no lo quería

— Martín Kohan, La separación

Y cómo sabemos cuándo estamos enamorados:

Fui yo que lo vi y lo vi como por primera vez, y en esa primera vez, en esa primera vista, sentí que lo amaba: lo amé. ¿Por qué? ¡No sé! Me acuerdo, sí, ahora me acuerdo, de algo que hice: le desabroché, suavecita, un botón de la camisa, puede que dos

— Martín Kohan, La separación

Ese pequeño gesto de desabrochar una camisa quizá sea un punto de contacto con ese otro gesto de sacar una miga de pan de la boca de nuestro protagonista. En ambos aparece algo mínimo, casi imperceptible, pero que parece condensar una forma del amor.

Con toda esta información vamos a llegar a la vuelta en la tercera parte de este recorrido, narrado en una tercera con foco interno, un narrador parecido al protagonista, pero sin los elementos de duda que había en el primero. Se siente una voz más sosegada, pero sobre todo reflexiva. Vamos a volver al interior de nuestro protagonista pero ese interior ya denota cambios. Esa vuelta resultará en una forma de entender la vida.

Él, que se va a subir pensando en entregarse al viaje como un nadador que flota y queda a la deriva, se dará cuenta de que no. El viaje lo sorprenderá con una serie de interrupciones e imprevistos. Un ejemplo de esto es el capítulo de La traba donde una mujer queda encerrada en el baño y a propósito de ese incidente reflexionará algo que puede leerse como una metáfora de la vida que se está dando cuenta que tiene.

el encierro es pesadilla y que las pesadillas abruman. Que salir parece fácil una vez que se salió, pero antes no: antes nunca

— Martín Kohan, La separación

Esta tercera parte puede leerse en su conjunto como el momento más consciente del personaje, cómo todo el despliegue de situaciones que vivió en todo el viaje le devuelve algo de su propia vida:

Fernando se entrega de nuevo a la deriva autónoma del viaje, que no precisa de él aunque tenga que ver con él. Pero ya no lo hace con la ilusión aséptica del principio, ya no se tienta con estar lejos hasta de sí mismo, ya no supone que la realidad del mundo se vaciará y se aquietará y ofrecerá su nada a cambio de nada. Ya no, porque la noche se llenó de cosas, porque el viaje se colmó de imprevistos. Hubo que mirar, hubo que interesarse, hubo que interpretar, hubo que esperar, que elucubrar, que decidir, que intervenir, que reaccionar.

— Martín Kohan, La separación

Como anticipé, Fernando no va a volver a Retiro, allí donde lo estará esperando Natalia. Él, que empezó este recorrido diciendo que no es una persona impulsiva, va a amanecer en la ruta quizá alumbrado con otro entendimiento, y sin darse cuenta o no va a descender en nada más ni nada menos que San Antonio de Areco. Confirmando en este acto que el que salió de Retiro días atrás a visitar a su hermano en Córdoba era otro.

Aldana Dall Oro

Aldana Dall Oro

Licenciada en Comunicación Audiovisual y actualmente estudiante de la carrera de Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes. Le interesa acompañar en el camino de la escritura creativa poniendo a disposición todas las herramientas con las que cuenta. En todos estos años de trabajar con las palabras ha aprendido que todos podemos escribir. Ganadora del primer premio «Buenos Aires en 100 palabras» 2025.

Ver perfil de Aldana Dall Oro

Comentarios

Dejá tu comentario

0/1500