Y vengan de a uno.
La película de Emerald Fennell se estrenó el 12 de febrero de este año y generó bastante polémica. Aunque parecería que la crítica especializada se inclinó mayoritariamente por el no, en el mundo digital hay gente que como nosotros banca la adaptación.
En Fluir nos adelantamos a la polémica (y llegamos tarde a la reseña) porque en enero armamos un club de lectura para leer el clásico de Emily Brontë antes de que la película se estrenara. Así que llegamos al Cine Lorca con la lectura fresca, los diálogos del libro todavía encima, y muchas ganas de ver qué hacía Fennell con todo ese material.
Esto es lo que pensamos.
Dos obras distintas
Antes de entrar en los detalles, queremos dejar en claro desde dónde leemos esto. No creemos que haya una única forma de adaptar bien una obra literaria al lenguaje audiovisual, ni que "adaptación fiel" sea una categoría que tenga demasiado sentido si se la examina con cuidado. ¿Fiel a qué? ¿A la trama? ¿Al tono? ¿A la época en que fue escrita?
¿A nuestra imaginación?
Como señala Oscar Steimberg en Producción de sentido en los medios masivos: Las transposiciones de la literatura, en toda transposición el texto de origen deja de pertenecer al sistema que lo generó para ingresar en otro con sus propias condiciones de producción y reconocimiento. Si lo pensamos de esta manera no hay una traición a la obra de origen, hay una pieza nueva con reglas propias.
Nosotros entendemos que las obras son dos piezas distintas y únicas a su manera. La película de Fennell se sirve de la novela de Brontë pero vive su propia vida en el 2026. Más que preguntarse si es una adaptación fiel, vale la pena preguntarse cómo dialogan las dos obras, cuáles son sus puntos de contacto y dónde se alejan más.
Heathcliff/Hareton – Hindley/Mr. Earnshaw
Uno de los aspectos más comentados es el personaje de Heathcliff. Interpretado por Jacob Elordi, este Heathcliff se aleja notablemente de la oscuridad de su versión original. Creemos que hay dos razones para esto. La primera tiene que ver con el punto de vista desde el que se narra la historia, un aspecto que vamos a desarrollar más adelante. La segunda es estructural: en la película desaparecen dos personajes clave del libro, Hareton y Hindley.
Hindley es el hermano de Catherine, el verdugo de Heathcliff desde la infancia. Cuando muere el padre que lo había traído a la casa, Hindley toma el control y convierte a Heathcliff en un sirviente. Lo degrada, lo aleja de Catherine, lo somete a maltratos y violencia sistemática durante años. Es él quien fabrica al monstruo. Sin Hindley no hay historia de venganza.
Hareton, por su parte, es el hijo de Hindley y pertenece a la segunda generación. Es también criado de forma brutal, sin educación ni afecto, y sin embargo Hareton no va a tener el motor de venganza que mueve a Heathcliff. Incluso no va a tener un mundo propio hasta que se cruza por primera vez con su prima.
En la película ninguno de los dos está, pero lo que ocurre no es simplemente una omisión sino que hay una condensación. El personaje que hace del padre de Catherine, Mr. Earnshaw, absorbe todas las características de Hindley: es violento, alcohólico, ludópata, agresivo. Y el Heathcliff de Elordi, por su lado, pareciera tomar ciertas características de Hareton, por ejemplo la belleza y la ausencia del odio que en el original es la esencia del personaje. El resultado es un Heathcliff más suavizado.
La venganza y el amor: lo que cada obra decide tematizar y desde dónde
Esto es, quizás, lo que más separa a la película de Fennell del libro: la novela de Brontë tematiza en primer plano la venganza. El amor está, sí, guiando las acciones de los protagonistas, pero el arco narrativo que estructura la historia es el de un hombre que dedica su vida entera a destruir a quienes lo destruyeron y que fueron el obstáculo para su deseo: estar con Catherine. Heathcliff es un proyecto de odio sostenido durante décadas, un villano protagonista.
La película elige el amor y lo pone en primer plano. Quizás eso nos diga algo de nuestra contemporaneidad: todavía queremos que el amor lo explique todo, incluso cuando la obra de origen nos dice que hay fuerzas que el amor no puede domesticar.
Hay además un cambio de narrador entre las obras que las distancia sin remedio. Sabemos que cuando elegimos un narrador también elegimos un punto de vista. La novela de Brontë está narrada por Nelly, un narrador testigo. Todo lo que sabemos de Catherine y de Heathcliff llega filtrado por la perspectiva de este personaje y su preciosa subjetividad. Y hay algo más: Nelly no puede dar cuenta de lo que sucede entre los dos protagonistas cuando ella no está cerca.
¡Así que Nelly ha representado el papel del traidor! —exclamó impetuosamente—. Nelly es mi enemigo oculto. ¡Bruja! ¡Por eso recoges las flechas de los gnomos, para hacernos daño!
— Emily Brontë, Cumbres Borrascosas
En la película, Nelly es un personaje secundario. "Mi enemiga oculta", le dice Cathy en su lecho de muerte. Si bien la línea de diálogo aparece en el libro, lo cierto es que con el foco puesto en Catherine, las acciones de Nelly adquieren la forma de una revelación.
Por otro lado, la película puede mostrarnos los encuentros sexuales de los personajes y llevarnos a una intimidad que en el libro no se menciona.
Lo que el libro reprimía y la película puede mostrar
La novela de Brontë fue publicada en 1847. El plano sexual está insinuado pero no es para nada explícito. La tensión entre Catherine y Heathcliff tiene la fuerza de una pasión reprimida, y eso es lo que se lee y se puede intuir en algunos recursos: las elipsis, las metáforas, los embarazos.
La película puede mostrar lo que el libro no podía, y lo hace. La consumación de algo que Brontë dejó latente. En ese sentido, la adaptación de Fennell nos entrega esa pasión que en el siglo XIX las mujeres no podían escribir.
Por qué creemos que es una buena adaptación
No porque sea fiel. Sino porque dialoga. Porque toma decisiones y las sostiene. Si Fennell no volvió a leer la novela desde sus dieciséis años, hay alguien en el equipo que sí lo hizo —y eso se comprueba en la reproducción de diálogos que están en el libro—. La película sabe leer la novela y sabe también leer su propio presente. Porque Margot Robbie hace algo extraordinario con un personaje que el libro construyó desde afuera, desde la mirada de otros. Porque el vestuario es una fantasía. Y porque, después de verla, dan ganas de volver al libro.



