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¿Qué hace un alemán en Buenos Aires?
Reseña

¿Qué hace un alemán en Buenos Aires?

Tengo un compañero que es bailarín de tango. Llega al trabajo con el cansancio de haber puesto el cuerpo en movimiento la noche anterior. Lo veo moverse, hacer algún comentario, decir mi maestro e inmediatamente lo imagino con un pañuelo en el cuello y el sombrero arrabalero. Nada más lejos de la realidad. Y como los fluires no podemos dejar de encontrar los eventos de la vida en la literatura (¿O será que la literatura es la vida verdadera?) mi compañero Julián me lleva al cuento “Stephan en Buenos Aires”, de la escritora Hebe Uhart, inolvidable, experta en captar voces, experiencias mínimas de la cotidianeidad. Cazadora de diálogos callejeros que siempre transformó en cuentos. Aquí mi lectura:

Stephan es un alemán que llega a Buenos Aires con una cantidad de expectativas que se muestran como aquello que es esperable de un turista en la ciudad: bailar tango, recorrer el barrio del abasto y caminar por las calles del centro, visitar algún bar clásico de la ciudad y comer las mejores carnes. Muy rápidamente se encuentra con que ese horizonte no es exactamente como lo imaginó. Y toda la sorpresa primero, y desilusión, hacia el final del relato, están volcadas en un uso del lenguaje que deja todo el artilugio en evidencia y queda a merced del ánimo del personaje.

¿Qué es ser argentino? ¿Cómo nos ve otro que pertenece a una cultura diferente? ¿A qué nos enfrenta su mirada extranjera? Stephan en Buenos Aires coquetea con dejar en evidencia el modo en que lo extranjero, esa otredad tantas veces idealizada, puede funcionar como un espejo a aquello que se percibe de la propia cultura desde afuera. Y de cómo, al interior de una “argentinidad” construida desde la subjetividad local, ese espectáculo de lo propio dice algo distinto a aquello que podríamos creer que somos.

Partiendo de la distancia en el lenguaje y lo que un extranjero que no habla el idioma puede enfrentar leemos a Stephan en sus errores, en las interpretaciones equivocadas, en su torpeza de europeo que viaja a Bs As creyendo que va a comer carne y bailar tango todo el día, pero se encuentra con una ciudad que no lo recibe como esperaba y donde finalmente no puede cumplir su deseo de usar los zapatos de baile que se había comprado para la ocasión. Surgen imprevistos, malos entendidos y confusiones en la comunicación que construyen una enunciación deslumbrante de lo que la otredad puede generar. Pero ¿qué pasa con el enunciatario? ¿A quién se dirige el relato frustrado de Stephan, contando las peripecias en esta ciudad que parece no entenderlo y a la cual él tampoco logra terminar de descifrar?

El imaginario de una supuesta argentinidad que se desarma en el terreno local parecería quedar interpelado en este cuento. Eso que se cree que es lo argentino ¿es tal cosa en la práctica de lo cotidiano? ¿Qué es lo argentino en realidad? Parece ser que ese imaginario se rompe en Stephan ante su mirada, y nos deja frente a frente con esa evidencia.

Machu Pichu, según le contó su amigo Joachim, sigue siendo el esperable de Machu Pichu. El viajero va y ve eso que esperaba encontrar.

Pero Buenos Aires le plantea otras cuestiones que se arman como un listado de frustraciones que muestran una imagen (¿acaso desconocida por los argentinos?) que se nos proyecta en la cara. Stephan nos pone ante la pregunta de qué somos en realidad: somos el país con la mejor carne del mundo, pero comemos chorizos. Bailamos el tango, pero la ropa tanguera no es necesaria ni ejercemos tal montaje teatral de la danza. Desperdiciamos el agua, tenemos cara de amargados y leemos el diario en horarios que no parecen ser los apropiados para esa actividad.

La argentinidad queda marcada en el relato por aquello que podría creerse que significa y que el extranjero nos muestra como un engaño. Como si esa Argentina (porteño centrista, por otro lado) que Stephan busca fuera solo una fantasía y él, en su desamparo ante semejante decepción, no pudiera hacer otra cosa más que denunciarla ante un ustedes a quien podría estar dirigido el relato.

Hebe Uhart dice en una entrevista para el diario Página 12 del año 2008: “Los argentinos, cuando vamos al exterior, queremos ser otros, nos convertimos en otra persona. Mucha gente que va a Brasil, se disfraza de brasileros con collares y pulseras, cambia su look y se pone cosas que acá no se pondría.” Stephan busca durante toda su estadía, esos argentinos que los otros, los extranjeros, creen que somos. Quiere encontrarse con sus propias expectativas, como lo hizo Joachim en Machu Pichu. Quiere ponerse los zapatos de tango y simular ese turista incorporado a las vivencias de una ciudad y sus costumbres. Como un argentino en el exterior, quiere intentar disfrazarse de uno de nosotros. Pero no lo logra y en esa demostración, en ese devenir de su relato, pone una lupa en la verdadera imagen que se proyecta en la experiencia concreta de lidiar y recorrer las calles de Buenos Aires. Nos enfrenta a la empresa casi imposible de hurgar en la complejidad en la que nuestra cultura e idiosincrasia están verdaderamente construidas.

“En boca cerrada no entra la mosca.” (Uhart 2008: 20) dice Stephan. Pero nos habla. Y la mosca parece poder entrar desde el relato. Describe imágenes potentes que nos enfrentan con esa realidad que está viendo con su mirada extranjerizante de cómo ser argentino podría interpretarse. Nos pinta con su voz confundida y su lengua errática, armando la ironía de leernos en lo que podríamos ser ante los ojos del extranjero y vislumbrando algo de eso en lo que evitamos reconocernos. El personaje de Malena, por ejemplo, que lo desconcierta mientras intenta seducirla y no logra comprender que ella no está interesada en él del mismo modo. Pero a la vez, como si ella fuera ese reflejo confuso que devuelve el relato, la muchacha no termina de comprender las ideas que Stephan intenta construir.

Hacia el final del cuento Stephan, ofuscado en su decepción, acumulando la frustración tras varios imaginarios rotos, deja un listado de interpretaciones posibles que plasman sin matices su mirada extranjera sobre la construcción de un supuesto ser argentino.

Es finalmente la mirada de Stephan la que nos enfrenta a las diferencias entre lo que posiblemente representa nuestra cultura en el afuera y lo que verdaderamente ese afuera nos refleja de nosotros mismos como pueblo. Y esa bronca, sea tal vez, la de Stephan por no haberse encontrado con la Argentina que esperaba y la conclusión de las representaciones que podríamos estar construyendo sobre aquellos imaginarios de nuestra cultura y modo de habitar el mundo.

Stephan resume en las líneas finales algo de eso que nos contó en su relato. La ciudad es bella, pero lo interpeló de un modo inesperado. Se encontró con un espacio que no fue del todo aquel que imaginó antes de llegar. Es un extranjero en una cultura que no termina de comprender. Pero quiere volver. Tal vez como el argentino que se encuentra con una mirada ajena de sí mismo que lo interpela, pero de cualquier modo y aunque esa descripción pueda resultar algo incómoda, podría verse y reconocerse en el relato.

Ahora que escribo esto, me da curiosidad saber cuál de estas aristas representará más a mi compañero Julián. ¿Qué le pasará a él, como “personaje portador de la cultura del tango” cuando viaja a otro país? ¿Querrá comer las comidas típicas, bailar las danzas, vestir las prendas? Mañana le convido un mate y le pregunto.

Hebe Uhart (1936-2018) nació en Moreno, provincia de Bs As. Estudió filosofía en la UBA. Escribió cuentos, crónicas y diversas publicaciones periodísticas. Ganadora de premios como el Konex, se destacó por ser una gran tallerista y referente de escritores y escritoras. Entre sus frases más recordadas: “no se nace escritor, se nace bebé”

Soledad Passaro

Soledad Passaro

Soledad Passaro es, entre otras cosas, escritora y docente. Desde 2023 cursa la Licenciatura en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). En diciembre del mismo año participó del seminario de escritura en Lago Puelo, coordinado por Samanta Schweblin. En 2024 retomó de manera activa la poesía en el taller Fuga y Queda a cargo de la poeta Andi Nachon y en 2025 fue finalista del festival FAUNA, organizado por la UNA. Es madre de dos adolescentes, tiene dos gatos y lee el Tarot.

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